La verdad tiene que primar en el periodismo

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El periodismo responde a rigurosidad, veracidad, objetividad y crítica, entre otras cosas. El periodista debe nutrirse de información real para la elaboración de sus artículos y de fuentes de información fiables. La duda no debe ser vertida sobre los casos en los que se trabaja y el escándalo motivado por falta de credibilidad no debe formar parte de la carrera de nadie.

En la universidad nos enseñan las claves para ser un buen periodista de manera didáctica, así como los criterios que debe seguir un suceso para convertirse en noticia a ojos del periodista. Pero realmente, la moral periodística va con cada persona. El caso de Stephen Glass no ha sido el único que ha suscitado polémica por las mentiras que acarreaba su historial profesional; hay periodistas que hacen lo posible por llegar a la cima de sus carreras o porque su nombre sea altamente conocido o por recibir premios. Casos como Jaison Blayr, Janet Cooke o Stephen Glass son muestra de ello.

En la película que narra lo sucedido con Stephen Glass, “El precio de la verdad”, cuenta los comienzos de este joven y su andadura hasta que se descubre la gran mentira. Glass trabajaba en un diario de gran importancia, The New Republic, y cómo se ganaba el elogio de su director y sus compañeros con sus historias divertidas y su gran carisma. Su supuesto gran trabajo y dedicación le hizo conseguir colaborar en publicaciones como Rolling Stone o Harper’s. Pero todo empieza a desmembrarse cuando, al publicar un nuevo artículo llamado “Hack Heaven” llama la atención de Forbes Digital, concretamente del periodista Adam Pennenberg, el cual comienza a investigar y descubre las mentiras ocultas. Lo publicado por Glass eran verdades a medias o puras mentiras, hechos no ocurridos, notas personales falsas y datos irreales. Resulta que de los 41 artículos que había publicado, 27 eran parcial o totalmente inventados, por lo que el resto de la plantilla de The New Republic tuvo que publicar una disculpa para los lectores.

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El trabajo de investigación que llevó el periodista Adam Pennenberg tuvo un reconocimiento en el periodismo online, que por aquel entonces era casi un recién nacido. La labor que desempeñó Adam fue crucial ya que realmente fue una coincidencia. De no ser por el director de Forbes, no habrían investigado al caso. En Forbes no solo querían destapar la verdad acusando a un diario tan conocido como The New Republic, sino conocer hasta qué punto un periodista puede “crear una historia”. La carrera de Stephen Glass se quedó arruinada, pero puso en entredicho la veracidad y la comprobación previa antes de la publicación de los diarios estadounidenses como The New Republic.

Las conclusiones que puedo extraer después de visionar la película son:

1)      No creo que sea posible en un diario contrastar todas las fuentes y los datos unos a otros. Los redactores jefe se encargan de encauzar los reportajes de los redactores, de guiarles en el caso de que no sepan por donde seguir, ayudar y proponer ideas y dar el visto bueno del enfoque y del titular. En una redacción, no hay tiempo para que el redactor jefe llame a todas las fuentes y coteje todos los datos por lo que, un redactor puede citar a quien quiera, dentro de unos límites.

2)      En el mundo del periodismo y de la información en general, hay mucha gente que quiere destacar a cualquier precio y prefieren publicar algo rápidamente pese a no tener todos los datos contrastados, por miedo a que alguien se les adelante, a esperar pacientemente a tener todo hilado.

3)      El periodismo es un trabajo sacrificado y requiere muchas horas y dedicación. Los horarios son eternos y  por muchos motivos, como la politización que sufre, casos de engaños y falsedad en algunas ocasiones, socialmente no es una profesión aceptada y considero que eso debería cambiar porque el buen periodismo es ese que busca la verdad e informa a la sociedad de lo que pasa día a día pero, en ocasiones, la verdadera “misión periodística” se olvida.

4)      La población cree automáticamente todo lo que se publica. En este caso, es un periodista el que no dice la verdad para impulsar su carrera con esos grandes reportajes pero hay otras veces que se ha vertido información falsa y el público lo cree por el hecho de aparecer en la prensa, sin importar que fuentes oficiales aporten datos.

5)      Siempre es posible engañar al lector o a los jefes, con notas falsas como el protagonista de la historia pero, como se dice en la película, si los datos van acompañados de imágenes de las personas entrevistadas, de los lugares a los que se ha acudido o notas de voz, se aporta más veracidad al trabajo realizado.

Finalmente, no considero que rigor, verificación y buen periodismo sean sinónimos de prensa tradicional más que de prensa online, por ejemplo. Cualquier tipo de periodismo debería acompañarse de las características que se esperan de un buen trabajo de investigación, de datos y casos reales y honestidad.

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